CAROLINA GALLO

ASESORA EN COMUNICACIÓN INSTITUCIONAL - DOCENTE E INVESTIGADORA UNT

Las empresas son instituciones con un movimiento constante entre lo instituido y lo instituyente. Lo instituido es aquello que está establecido y aceptado dentro de la institución como sus reglamentos, sus leyes, sus normas, sus usos y costumbres. Mientras que lo instituyente, son aquellas acciones y prácticas que constantemente se presentan de forma de puja, fuerza o tensión tendiente a cambiar las relaciones instituidas.

Se supone que las empresas intentan tener un máximo control sobre las acciones y prácticas de sus empleados o integrantes. Se intenta normatizar todo para restringir el margen de error o de “imprevisibles”. Sin embargo, históricamente, los instituyentes fueron marcando los cambios institucionales-empresariales y es a partir de estos movimientos que la tecnología en aquellas instituciones-empresas, ha logrado instaurarse lentamente, hasta ser hoy una herramienta facilitadora de ciertas tareas insuperable.

La comunicación, que atraviesa cada acción empresarial de manera transversal e ineludible, involucra a todos los integrantes; y la comunicación institucional o propuesta empresarialmente como un instituido los posiciona en esa interacción comunicativa de acuerdo a sus funciones y roles. Se constituye un proceso dinámico y de construcción social en el que entran en juego la participación y el poder, se producen y circulan valores, creencias y saberes individuales e institucionales. A consecuencia se desarrollan distintos medios, procesos, prácticas y acciones comunicacionales de forma intencional o no, implícita o explícita, directa o indirecta.

La transformación

Este proceso comunicativo, si bien complejo desde hace cinco años, ha ido cambiando vertiginosamente en el interior de las empresas e instituciones, en general, debido al instituyente “tecnología”. Desde su llegada como nuevas plataformas comunicativas, las redes sociales y el WhatsApp (WP) han ido transformando las relaciones y se han colado en el interior de las empresas e instituciones con las estructuras más rígidas que se hayan impuesto.

Desde este punto es que llamamos a estas nuevas prácticas comunicacionales que han tomado las plataformas virtuales como canales: “Contrajerárquicas” o “inversa”, no porque se opongan a las jerarquías, ni siquiera porque se presentan de manera crítica, sino porque al tratarse de plataformas en red, en las que no hay jerarquías sino heterarquías, desconoce en ese mundo virtual las relaciones institucionales-empresariales instituidas, y se constituyeron en instituyentes hegemónicos que pujan contra lo instituido. Y en su fluido cotidiano circulan toda clase de información, la que se dará luego por escrito, la que cambiará horarios, la que pone en manifiesto afinidades por fuera de cualquier jerarquía. La que puede cambiar los instituidos, porque en ese rumor también se manifiestan las críticas por ciertos temas.

Entonces podemos decir que esta comunicación “contrajerárquica” o “inversa” complejiza aún más las cotidianidades de las instituciones-empresas, predisponen a los integrantes positiva o negativamente. Se niega información que circula como si fueran fantasmas virtuales que nunca existirán en la vida presencial o real, se enfatizan aquellos datos que se desean colectivamente se pasen a ser parte de la realidad.

Por último, la pregunta es ¿empresarialmente, hay dos realidades? ¿La virtual y la presencial? ¿se rompen los paradigmas de la comunicación jerárquica? ¿Cual es la realidad? Ser o no ser, virtual.